Hay una particularidad que, según los hombres (no todos), está muy extendida entre las mujeres (no todas)... y es que nuestros NOes significan SÍes. Pues bien, es verdad. Hay casos donde nuestras negativas son afirmaciones. Es más, hay veces en que nuestras negativas son ruegos (y preguntas: "Me ha llamado y le he dicho que no, ¿me volverá a llamar? porfasí porfasí porfasí...")
Un ejemplo de cuando un NO es un SÍ: Tú eres una chica normal (quiero esto decir que no eres una "guapa objetiva"; las guapas objetivas son aquellas mujeres que quedan fuera de todo criterio: les gustan a todos los hombres), y un día conoces a un chico 10 (de esos que hacen deporte y se les nota -la tableta de chocolate no es imprescindible- , que pueden escuchar a Messiaen o a Pergolesi sin arrugarse, y que tienen a Mosterín, a Bachelard o a Barthes en la mesilla de noche). Ya tenemos a los personajes: un tipo 10 y una tipa normal. Ahora, la situación: estás con tu amiga en un bar. Tú le estas contando a tu amiga que el mes pasado sonó tu móvil una vez y media (la vez que te llamó ella, y la media era una publicidad de Decathlon), cuando de pronto entra el tipo en cuestión, el de la Matrícula de Honor. Tú, que conoces tus limitaciones, lo miras, te embobas, pero sigues con tus cosas, sin echarle mucha cuenta. Y ahora te dice tu amiga: “Niña, el tío ese tan weno que acaba de entrar te está mirando.” Tu corazón: tictactictactictac. Primer impulso: piensas “Se me ve el string por encima del vaquero.” Te tocas disimuladamente la cinturilla a la altura de los riñones y compruebas que no sobresale nada. Tu corazón: pampampampam. Tú: “Qué dices, mujer, a mí no es....” Tu amiga insiste: “Pues se está acercando...” Tu corazón: POMPOMPOMPOMPOM... Tú: “Irá al baño, ¡¡¡yo que sé!!!” Pero no... Se acerca... ¡¡Se ha parado!! Tu corazón: chancharachan chan chan pan parabampanpam... Él: “Hola”. Tu corazón: _____________ (¡¡¡¡No, por favor, no dejes de latir ahora!!!!) Tú: “Jgjhjgjhjgjhjgjptjpfjbjs...” El caso es que el tipo está a tu lado, hablándote, tu amiga al otro lado, metiéndote el codo en las costillas y diciéndote: “¿Ves, ves?” Y llega el momento en que el Sobresaliente te invita a no sé donde. Tú sólo has escuchado la frase “...los dos solos...” ¡Chicas, muy fuerte! Él te dice: “Nosequenosecuantolosdosolos?”... Y tú ¿qué dices?: NO. Pero ¿qué significa ese NO? Significa NO a la primera, NO a la segunda y SÍ a la tercera. Cuando un tío como él se acerca a una tía como yo (quiero decir, como tú), es necesaria la pregunta de confirmación. ¿Por qué? Hombre... Una tiene sus dudas... Por si hay una cámara oculta de esas de vigilancia, o una webcam de google earth (o de wikileaks)... Pero ÉL debería saber que en estos casos NO es: SÍ, soy tuya desde ya y hasta el fin de los tiempos.
Ahora un ejemplo de cuando un NO es un NO. Los personajes: Chica en bar (o en cine, o en parada del tranvía, o en parque, playa, parque marítimo, auditorio). Colgado/ borracho/ baboso en bar (en el mismo bar, claro, o el mismo cine, la misma parada, el mismo parque, playa, etc.).
Él: “¿Hfdadfsdfshdfioayalchocho?”
Ella: NO.
Y esta vez NO quiere decir NO.
miércoles, 19 de enero de 2011
jueves, 13 de enero de 2011
El buen salvaje visionario
Henry David Thoreau podría ser el héroe de todos los niños que han soñado en vivir en una casita escondida entre las ramas de un árbol: en 1845 construyó con sus propias manos una cabaña cerca del lago Walden, en Massachusetts, y allí vivió dos años al aire libre, cultivando sus alimentos y erigiéndose así en el primer ecologista de la Historia. Quería, al parecer, experimentar la vida en la naturaleza para liberarse de las esclavitudes de la sociedad industrial, y demostrar que los lujos son innecesarios impedimentos.
Pero Thoreau fue también un pionero de la desobediencia civil: se negó a pagar sus impuestos (alegando que se oponía a colaborar con un Estado que mantenía el régimen de esclavitud y emprendía guerras injustificadas), por lo que fue detenido y encarcelado. De este hecho nace su tratado “La desobediencia civil”, publicado en 1866. En este texto declara uno de los conceptos principales de su ideología: la idea de que el gobierno no debe tener más poder que el que los ciudadanos estén dispuestos a concederle. Critica y acusa a la sociedad estadounidense de haberse dejado llevar por un conformismo material, olvidando así el ejercicio del derecho a la rebelión, y denuncia la falta de responsabilidad individual que desemboca en un Estado que acaba por convertirse en el opresor de aquellos a los cuales se debe.
No insinúo con esto que nadie debe dejar de pagar sus impuestos. Al contrario: además de depauperar a sus empleados públicos, a sus desempleados y a sus pensionistas, los Gobiernos occidentales deberían perseguir con mayor eficacia el fraude fiscal como medio de mejorar sus finanzas. Pero no está de más reflexionar sobre las ideas premonitorias de Thoreau. Su “Desobediencia Civil” viene a negar que la obediencia sea necesariamente una virtud: cuando algo en el sistema funciona mal, el individuo tiene el derecho y la responsabilidad de desobedecer y rebelarse.
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